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viernes, 10 de agosto de 2012

Juan Bautista Acher


Alfonso Vila y Franquesa era el verdadero nombre de quien se hizo llamar Juan Bautista Acher y firmaba sus pinturas y dibujos como «Shum». 
Anarquista, bohemio e idealista, sus amigos lo llamaban «el Poeta», quiso llegar andando desde Barcelona a París y a punto estuvo de conseguirlo. Vivió durante años de sus caricaturas y dibujos hechos en bares, cafetines y lupanares, aunque a menudo hubo de esquivar el hambre recurriendo a la caridad practicada en cuarteles y figones improvisados. 

En París, donde vivió seis años, abrazó el ideario anarquista aprendido en los rincones del Barrio Latino y de Montmartre. La vida al límite le enseñó a burlar a la policía valiéndose de heterónimos, como el citado Juan Bautista o el de Grau Oller, y también de su seudónimo, 
«Shum», adoptado en homenaje a su buen amigo ácrata, colega en mil correrías parisinas llamado Roca, y que era conocido como Salvador Humbert y también Schumblerium. 

Roca desapareció de la faz de la tierra en 1919, tras una detención policial acusado de deserción del ejército de Marruecos. 

En 1920 regresa Shum a Barcelona con documentación a nombre de Juan Bautista Acher, lo que le sirvió para eludir a la policía que lo buscaba por no haber realizado el servicio militar. Inicia una campaña de intenso activismo político y sindical al tiempo que sus dibujos son conocidos a través de carteles y publicaciones ácratas. 
Un oscuro y trágico suceso vino a desbaratar los planes del clandestino Alfons Vila. Enterado de la inminencia de la detención de sus amigos Elías, Lérida y Sánchez Raja «el Negre», cuando preparaban un atentado contra el Gobernador civil de Barcelona y conocido represor, general Severiano Martínez Anido, Shum corrió a avisarles entrando en la vivienda donde tenía lugar la conspiración y en ese momento hicieron explosión las cargas que manipulaban. 

Murieron todos y Alfons Vila quedó muy mal herido, sobre todo en sus manos, por lo que luego sería también conocido como «El artista de las manos rotas». 

Juan Bautista fue detenido, hospitalizado durante meses e ingresado en la cárcel. Se le acusó de terrorismo y también de haber participado sólo diez días antes del juicio en un atentado contra somatenes en el Paseo de Gracia. En octubre de 1922 fue condenado a muerte.
 La sentencia contra Shum creó un enorme revuelo en la opinión pública. El periodista Hermoso Plaja, desde las páginas de Solidaridad Obrera y sobre todo la escritora Concha Espina, buscaron apoyos en todos los ámbitos de la cultura contra la condena recaída sobre el pintor y artista catalán y a favor de su indulto. 

Entre los firmantes de la petición de clemencia cabe señalar a Santiago Ramón y Cajal, Valle-Inclán, los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, Jacinto Benavente, José Francés, Rafael Altamira, Julián Zugazagoitia, Álvaro de Albornoz, Luis Araquistáin, Benlliure... pero también personajes de la talla de Emma Goldman, Sebastian Faure, Henri Barbusse, Máximo Gorki, Enrico Malatesta... 

También Ramón Acín se solidarizó con Shum escribiendo un artículo en El Diario de Huesca el 5 de abril de 1924, «Por estética y por humanidad», en el que abogaba por el indulto, no sin ciertas dosis de ironía. «Hay que librar del patíbulo a Juan Bautista Acher, el joven artista condenado a muerte, por humanidad y por estética.

 Como hombre, por humanidad; no hay derecho a segar una vida joven y llena de promesas. Como artista, por estética hay que librarle de las feas contorsiones de los ajusticiados. 
Un humorista y anarquista del temple de Atcher, no sentiría tanto el ver cómo se le escapaba la vida, como el tener que sacar la lengua con arreglo a la ley». Acín fue encarcelado varios días por la publicación de este escrito, aunque junto a su firma aparecía entre otras la de Mariano Añoto, Silvio Kossti, Ricardo del Arco, López Allué o Miguel Sánchez de Castro El 20 y el 25 de abril, Ramón Acín como consecuencia de su detención, publicaba nuevamente en El Diario sendos artículos –«Arca de Noé» y «Con mayúscula están peor»– en los que ponía en solfa el respeto a la costumbre de mantener la apariencia social y el ejercicio hipócrita de conceptos sagrados como la libertad, igualdad y fraternidad. 

La pena de muerte fue conmutada, pero Shum permaneció encarcelado hasta la amnistía decretada con la proclamación de la República. Siguió dibujando a pesar de las mutilaciones sufridas en ambas manos, e interviniendo en la vida cultural y política, incluso en primera línea de fuego durante la Guerra Civil. En 1939 emprendió el camino del exilio: Francia, República Dominicana, Cuba, Nueva York y finalmente México, donde murió a los 70 años.