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sábado, 23 de agosto de 2014

Alejandra Pizarnik



Alejandra Pizarnik fue una poetisa argentina, nacida en la ciudad de Avellaneda el 29 de abril de 1936. Fue bautizada como FloraPizarnikk Bromiker y sus padres inmigrantes de judíos de origen ruso y eslovaco fueron Elías Pizarnik y Rejzla Bromiker.
Alejandra pasó sus primeros años en su ciudad natal y con serios problemas de autoestima, ya que hablaba español pero con un marcado acento europeo,  tartamudeaba, tenía graves problemas de acné y tendencia a subir de peso.
Las comparaciones frecuentes con su hermana mayor Myriam, se le complicaron de manera obsesiva, lo que la llevó a consumir anfetaminas, desarrollando una fuerte adicción, padeciendo con el trastorno límite de la personalidad.
Estudió literatura, periodismo y filosofía en la Facultad de Filosofía y letras de la Universidad de Buenos Aires y a la par tomó clases de pintura con Juan Batlle Planas.
Desde siempre fue una gran lectora, motivándose por la literatura y el inconsciente, interesándose mucho por el psicoanálisis.
Escribió libros de poemas llenos de ingenio, de sensibilidad e inquietud formal y sus principales temas eran la infancia, la soledad el dolor y la muerte.
En 1955, Alejandra escribe su primer libro titulado "La tierra más ajena", y un año después publicó su obra "La última inocencia" que dedicó a su psicoanalista Oscar Ostrov. Dos años más tarde, llegaría un nuevo libro llamado "Las aventuras perdidas".
Se trasladó a París, instalándose en esta ciudad entre 1960 y 1964, donde trabaja para la revista Cuadernos, además publica poemas y críticas en varios diarios del lugar y decide continuar con sus estudios tomando clases de historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona.
Es en esta casa de estudios donde hace amistad con reconocidas figuras literarias como Julio CortázarOctavio Paz y Rosa Chacel. Octavio Paz se convierte en el protagonista de su último trabajo de "Árbol de Diana", poemario donde destaca la madurez como autora que había alcanzado en el viejo continente.
En 1964 regresa a Buenos Aires para publicar trabajos destacados como "Los trabajos y las noches"," Extracción de la piedra de la locura} y "El infierno musical".
Años después se convirtió en ganadora de la beca Guggenheim, que la llevó hasta la ciudad de Nueva York.
En 1971 escribe en prosa "La condesa sangrienta", pero a pesar de mantenerse activa en sus labores de escritora, Alejandra no superaba sus problemas originados en su niñez y adolescencia.
Presentó un grave cuadro depresivo, lo que la llevó a ingerir 50 pastillas de un barbitúrico el 25 de septiembre de 1972. Tenía sólo 36 años de edad y días antes había salido con permiso del hospital psiquiátrico de Buenos Aires donde se encontraba internada desde hacía un tiempo.

Sous la nuit 

Los ausentes soplan grismente y la noche es densa.
La noche tiene el color de los párpados del muerto.

Huyo toda la noche, encauzo la persecución y la fuga, canto un
canto para mis males, pájaros negros sobre mortajas negras.

Grito mentalmente, me confino, me alejo de la mano crispada,
no quiero saber otra cosa que este clamor, este resolar en la noche,
esta errancia, este no hallarse.

Toda la noche hago la noche.

Toda la noche me abandonas lentamente como el agua cae
lentamente. Toda la noche escribo para buscar a quien me busca.

Palabra por palabra yo escribo la noche.

De "Textos de sombra y últimos poemas" 1982
Alejandra Pizarnik



 Mucho más allá

¿ Y si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?

¿Y qué?
¿Y qué me das a mí,
a mí que he perdido mi nombre,
el nombre que me era dulce sustancia
en épocas remotas, cuando yo no era yo
sino una niña engañada por su sangre?

¿A qué , a qué
este deshacerme, este desangrarme,
este desplumarme, este desequilibrarme
si mi realidad retrocede
como empujada por una ametralladora
y de pronto se lanza a correr,
aunque igual la alcanzan,
hasta que cae a mis pies como un ave muerta?
Quisiera hablar de la vida .
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados , este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir,
sólo por ver si se puede decir:
"¿es que yo soy? ¿ verdad que sí ?
¿no es verdad que yo existo
y no soy la pesadilla de una bestia?".

Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes

de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte.

Pues esto es lo que hacemos.
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza.
 Alejandra Pizarnik