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miércoles, 23 de enero de 2013

Luis Rosales (1910-1992)




LUIS ROSALES CAMACHO, nació en Granada el 31 de mayo de 1910, en el seno de una familia conservadora. 

En 1930 se traslada a Madrid para estudiar Filosofía y Letras, obteniendo el doctorado. Inició su actividad literaria en la revista Cruz y Raya, dirigida por Pablo Neruda y José Bergamín. En la capital de España conoció a los Panero (Juan y Leopoldo) y a Luis Felipe Vivanco, compañeros de la que se conocerá después como Generación de 1936 (o de la Guerra). 

Su primer libro, “Abril” se publica en 1935, inmediatamente antes del estallido de la Guerra Civil española. Esta obra enlaza con el estilo de la poesía de la generación anterior por su búsqueda estética y por la importancia de las imágenes, aunque sin pretensiones vanguardistas. 
En agosto de 1936, recién iniciada la guerra civil española, arrestan en su casa de Granada a su amigo Federico García Lorca, que se había refugiado en ella, pese a que Rosales había obtenido garantías de respetarlo por parte de las autoridades rebeldes. 

Desde 1937, Rosales colabora en la revista falangista Jerarquía hasta su desaparición. Ideológicamente fue evolucionando desde las ideas autoritarias de su juventud hacia posiciones democráticas en su madurez. 

En 1949 publica la primera versión de “La casa encendida”, considerada por la crítica su mejor obra. El libro lo fue rehaciendo y ampliando hasta producir una nueva versión, publicada en 1967. 

En 1962 ingresó en la RAE aunque no leyó su discurso de ingreso hasta 1964. Desde 1968 residió en Cercedilla (Madrid). En 1982 recibió el Premio Cervantes, el galardón literario más importante de cuantos se conceden en España. 

Su obra abarca todo el periodo histórico de la posguerra, fue evolucionando desde un clasicismo a un estilo propio cercano al vanguardismo surrealista. Se suelen distinguir dos periodos en su obra, una más preocupada por cuestiones estéticas, cercana al clasicismo garcilasista, y otra posterior de experimentación vanguardista. Ambas se funden en La casa encendida, donde la estética ya no supone una preocupación, sino el ejercicio de técnicas que ya domina. A grandes rasgos, el estilo literario de Rosales se caracteriza por:
• El dominio de la técnica poética.
• La construcción del poema bajo presupuestos de sencillez espiritual y sentimental.
• El dominio y facilidad de uso del verso rimado o libre, según le convenga al tono del poema o al tema tratado.
• La ausencia de adjetivos, resaltando la sustancia de las cosas. 

En cuanto al contenido, se ha hablado de la poesía de Rosales como la «poesía de lo cotidiano». El amor aparece en toda su obra de forma sosegada y tranquila, así como la memoria y el recuerdo. El periodo de posguerra se caracteriza, además, por el sentimiento religioso. 

Rosales falleció en Madrid el 26 de Abril de 1992.








POETA PIENSA EN LA AMADA Y LA LLUVIA QUE LOS UNE
(Luis Rosales)


Nada tengo de ti, sólo una lenta
comunidad de sombra en la mirada,
y esta necesidad desesperada
que crece sin vivir muerta y violenta.

Dura la sombra hasta que viene el día
y el sol entre los hombres se reparte,
¡qué color tendrá el ojo al contemplarte
si así lo enciende ya tu cercanía!

Mis ojos que en el viento están impresos
miran la noche ya crecer empieza
este quieto empujón de la tristeza
que gasta el andamiaje de mis huesos.

El alba es la inocencia de la aurora,
cuando venga la luz vendrá contigo,
la lentitud del cielo es un castigo
y una habilitación que siento ahora.
Si el sol andando a pie viene en mi ayuda,
aún le falta su luz a la mañana,
no puedo verte y la memoria es vana,
no puedo hablarte y la palabra es muda.

La ausencia tiritante y aleada
se acorta convirtiéndose en espera,
si ceniza de ayer es la ceguera,
ceniza de esperar es la mirada.

La noche que es inútil como un ruego
va maniatando al mundo en su atadura,
y deja en el mirar la quemadura
de ti que me hace verte o me hace ciego.

Para volverte a ver sólo es preciso
que el lucero del alba empiece el vuelo
sobre La Golondrina, y en el cielo
haya un lento deshielo circunciso.

Tengo la sangre convertida en plomo
y la esperanza convertida en fe,
vivir para mirar sin saber qué,
mirar para temblar sin saber cómo.

Si el cielo dice que la luz vendrá
el sol está esperando todavía...
¡qué fuerza le da al hombre la alegría!,
ando tu sombra que en el suelo está.

Los ojos viven lo que están buscando
y hablo en voz alta para estar contigo;
puedo decir: Vendrás, y si lo digo
mañana es sólo una palabra andando.

¿En la lluvia mis manos reconoces?
tal vez nos está uniendo en sus extremos,
yen este mismo instante ya tenemos
un solo corazón que habla a dos voces.

No puedo más, no puedo más, la cita
que hace girar al cielo ya no ceja,
y vienes con la luz como se deja
una palabra en el papel escrita.

El tiempo lañador y transitivo
va dejando en el aire tu traslado;
ya nos empieza a unir y ya ha empezado
la extraña gloria de sentirme vivo.

La ausencia es una luz interrumpida,
el cielo palidece y azulea,
y el sol que nos alumbra, nos recrea;
la espera terminó; llega la vida.