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sábado, 5 de febrero de 2011

Nelson Mandela

Destacado político sudafricano, reconocido mundialmente y convertido en mito viviente por representar la lucha contra el apartheid dentro y fuera del país; en definitiva una figura que representaba la falta de libertad de todos los negros sudafricanos y del mundo. Estuvo prisionero en penosas condiciones durante 27 años, pero aún así continuó y continúa con su lucha eterna: igualdad de condiciones entre blancos y negros.

Una lucha que no se detiene
Nació el 18 de julio de 1918 en Umtata, Transkei. Luego de la escuela secundaria comenzó a estudiar en el Colegio Universitario de Fort Hare para obtener su título de Bachiller en Artes. Allí fue elegido como miembro del Consejo de Representantes Estudiantiles, siendo luego expulsado junto con un compañero, por participar en una huelga estudiantil. Se trasladó a Johannesburgo, donde en 1941 completó sus estudios de bachillerato por correspondencia en la Unisa, y luego estudió derecho en la Universidad de Wiswatersrand, donde se recibió en 1942.
Dos años más tarde ingresó al Congreso Nacional Africano (ANC, en inglés), un movimiento de lucha contra la opresión de los negros sudafricanos. Mandela al poco tiempo se convirtió en uno de los líderes de la Liga de la Juventud del Congreso, que llegó a constituir el grupo dominante del ANC. Su ideología se basaba en un socialismo africano, es decir, nacionalista, antirracista y antiimperialista. Aunque en un principio sólo defendían los derechos de su propio grupo, terminaron haciéndolo con la unión de los distintos grupos culturales de raza negra para desarrollar una estrategia común y así proteger sus intereses y luchar en contra de la política del apartheid -régimen creado en 1948, cuando llegó al poder sudafricano el Partido Nacional, que institucionalizó la segregación racial creando esta política-. Vale destacar que, por inspiración de Gandhi, el ANC mantuvo métodos de lucha no violentos.
En 1952 Mandela, luego de una represión que produjo 8.000 detenciones, incluyendo la de él, éste fue recluido en Johannesburgo, donde estableció el primer estudio de abogados negros de Sudáfrica. Al cumplir su condena, reapareció en público tres años después.
El endurecimiento del régimen racista culminó en 1956, con el plan del gobierno de crear siete reservas -o bantustanes-, territorios marginales supuestamente independientes, en los que limitar a la mayoría negra. El ANC respondió con manifestaciones y boicoteos, que condujeron a la detención de la mayor parte de sus dirigentes; Mandela fue acusado de traición, juzgado y liberado por falta de pruebas en 1961.
En ese mismo año fue elegido secretario honorario del Congreso de Acción Nacional de Toda áfrica, un nuevo movimiento clandestino que adoptó el sabotaje como medio de lucha contra el régimen de la recién proclamada República Sudafricana; mientras, continuaba dirigiendo el ANC (la Lanza de la Nación). Su estrategia se centró en atacar instalaciones de importancia económica o de valor simbólico, excluyendo atentar contra vidas humanas. De esta manera, en 1962, viajó por diversos países africanos recaudando fondos, recibiendo instrucción militar y haciendo propaganda de la causa sudafricana; por lo que a su regreso fue detenido y condenado a cinco años de cárcel. Pero un juicio posterior, contra los dirigentes de la Lanza de la Nación, lo condenó a cadena perpetua en 1964, año en que fue nombrado presidente del ANC. 
La prisión eterna y el nacimiento de un mito


William Ernest Henley ha pasado a la historia de la literatura inglesa como poeta, y esencialmente por ser el autor de un poema incluido en el que fue su último libro, “In Hospital”, publicado en el mismo año de su muerte, ocurrida cerca de Londres en 1903. El poema se titula “Invictus” (escrito en el año 1875), y es el poema que Nelson Mandela se recitaba a sí mismo cuando llegaban los momentos peores a lo largo de su terrible cautiverio en prisiones sudafricanas por su lucha contra el racismo y el apartheid

INVICTUS

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.