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domingo, 21 de noviembre de 2010

Juan de Dios Peza



Nace en 1852 en la ciudad de México Juan de Dios Peza,
quien es bendecido con una preclara inteligencia, a la vez que
con un medio ambiente propicio para desarrollar todos sus
talentos, pues al ingresar en 1969 a la Escuela Nacional
Preparatoria inmediatamente se convierte en el alumno
predilecto de un gran pensador Mexicano; Ingacio Ramírez,
"El Nigromante" Al egresar de ese centro de estudios
ingresa a la Escuela de Medicina donde establece gran
amistad con otro grande de aquel tiempo; Manuel Acuña.
Quien lo llega a estimar al grado de llamarlo "hermano".
    Peza, fue un hombre liberal, el liberalismo estaba
en boga en aquella época, su entusiasmo y apasionamiento
por dicho movimiento lo llevo a renunciar a sus estudios
para entregarse de lleno al periodismo.
    En 1878 es nombrado secretario de la legación de México
en España, al lado de Riva Palacio. Y de nuevo su destino
lo lleva a unirse a otras grandes luminarias de aquella época
pues en Madrid se rodea y sociabiliza con personajes como
el politico Castelar, y escritores como Núñez de Arce, Campoamor
y Selgas.
    Al regresar a México empieza a poner su candidatura
para lograr puestos publicos y es electo diputado al Congreso
de la Unión. Siguieron otros cargos publicos en lo sucesivo,
pero sin abandonar las letras, como poeta tiene un estilo único,
es realista a la vez que lleno de infinita ternura. Canta al
hogar y a sus hijos. Entre los libros que publico estan:
Hogar y Patria, La Lira de la Patria, El Arpa del Amor, Recuerdos

y Esperanzas, Flores del Alma y Vinos Festivos. Muere en 1910
Año en el cual el pais estaba a punto de entrar en otra gran conflagracion.

Mas datos

Juan de Dios Peza nació en una familia conservadora ( su
padre fue ministro durante la intervención ) pero como discípulo
de Ramírez y Altamirano figuró entre los jóvenes poetas
liberales. A la vez Hipanófilo y nacionalista,
Se empeñó en versificar castizamente y en hacer poemas con
motivos y escenarios locales. Diplomático, dio a conocer en
Madrid a los poetas de este país ( La lira mexicana, antología)
Y escribió para nosotros sus Recuerdos de España. Periodista
de prosa suelta y clara que todavía es francamente legible ( De
la gaveta íntima, Benito Juárez), comediógrafo y fundador de la
primera sociedad de autores mexicanos, fue sobre todo poeta
muy admirado en los países de lengua española y traducido
inclusive al japonés. Su esposa lo abandonó y esta tragedia
convirtió a Peza en el "cantor del hogar". En vida fue
castigado por su inmensa popularidad, aunque el célebre
ataque de Brummel en Poetas mexicanos contemporáneos
(1884). Las ediciones modernas de sus obras que ha hecho
Porfirio Martínez Peñaloza nos permiten revisar las ideas
turinarias. A menudo se encuentran en Peza poemas
admirables, como "En las ruinas de Mitla", y siempre una
facilidad y abundancia en la versificación que, si lo ponen a
distancia de lo que por ahora consideramos poesía, también lo
hacen digno del respeto que Le Corbussier reclamaba para todo
 rabajo bien hecho. Históricamente la importancia de Peza es 
crucial: su empleo del habla cotidiana, su prosaísmo,
Limpió la lengua poética del peso muerto que arrastraba 
nuestro romanticismo y preparó, sin saberlo y tal vez sin 
quererlo, el advenimiento de los modernistas. 

Confidencias a una estrella
Sigue, sigue blanca estrella,
Por el cielo en que naciste,
Sin dejar ninguna huella...
Siempre te hallaré más bella,
Siempre te hallaré más triste.

Hoy vengo con mi dolor,
Cual antes feliz venía;
Mas ya nunca, astro de amor,
Ceñirás con tu fulgor
Ni su frente ni la mía.

Tú cruzas por ese cielo,
Dando con tu luz la calma;
Yo cruzo, por este suelo,
Llevando en mi desconsuelo
Lena de sombras el alma.

Dame, dame tu luz bella;
Que en esta alma sin amor,
Tú sorprenderás estrella,
En cada nube una huella,
Y en cada huella un dolor.
Tú que has escuchado el canto
De mi primera pasión,
Acompaña mi quebranto,
Y alumbra el amargo llanto
que brota del corazón.

¡Horas del primer cariño!
tú las miraste lucir,
Cuando ante tu luz de armiño,
La niña en brazos del niño
Soñaba en el porvenir.

¡Dulce amor! ¡grata ciencia!
¡Blanca luz! ¡Delirio ardiente!
¿Por qué huyes de la existencia,
Cuando una dura experiencia
Va marchitando la frente?

¡Aquellos goces extraños,
Aquel esperar en Dios,
Sin recoger desengaños,
Aquel pasar de los años
Sin perturbar a los dos!

Todo, todo, blanca estrella,
Tu tibia luz alumbró;
¡Edad de sueños aquella,
Envidiable, dulce, bella,
Que para siempre huyó!
Celia, al expirar el día,
Por estos sitios vendrá,
Ya no como antes venía,
Que aquella alma que fue mía,
Pertenece a otra alma ya.

Antes ¡ay! ¡cuánto embeleso!
Sollozando de placer,
Dejaba en mi frente un beso;
Por eso, estrella; por eso
No quiero volverla a ver.

Ahora, dulce y cariñosa,
En otro sus ojos fijos,
Tendrá su boca amorosa
La majestad de la esposa
Para besar a sus hijos.

Con tus rayos blanquecinos
Alumbra siempre su hogar;
Aparta nuestros caminos,
Y ¡ay! que sus ojos divinos
No aprendan nunca a llorar.

Si sigues, tú, blanca estrella,
Por el cielo en que naciste,
Sin dejar ninguna huella...
Siempre te hallaré más bella,
Siempre me verás mas triste